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viernes, 4 de mayo de 2012

COMPLICITÉ (Escrito para DevoradoresdeHadas.com)


La neblina era espesa y cubría gran parte del bosque, estaba oscuro aún y a lo lejos se percibía la calidez del amanecer que estaba por llegar.  Roxin volaba por entre los árboles como cada amanecer y acariciaba los capullos de las flores para despertarlos, de pronto sintió que alguien la observaba. Detrás de unos arbustos unos grandes ojos brillaban, la mirada estaba dotada de cierta humanidad pero pertenecía a un insecto de alas doradas que Roxin no pudo identificar. Ella conocía a todas las especies y no supo a cual correspondían esos ojos hipnotizantes que tanto la atraían.

Voló hacía ellos y pudo escuchar cierto zumbido que iba en aumento según se aproximaba, estaba asustada pero también intrigada, así que siguió avanzando y entonces reconoció su nombre: el insecto la llamaba por su nombre.  Roxin entró en pánico, cerró sus ojos, ahogó un grito de terror, y antes de lograr alzar el vuelo, fue atrapada por una mano. Temía abrir los ojos, pero lo hizo, supo que su hora había llegado. El calor de la mano que la aprisionaba le daba cierta tranquilidad, sintió la misma protección experimentada en el seno del capullo que la vio nacer.

El Devorador ahora tenía posado sobre sus hombros a ese extraño insecto que atrajo a Roxin, los dos la observaban con detenimiento. El hada medía lo mismo que la palma de una mano, tenía unas facciones finas, estaba desnuda y temblaba, sus alas eran hermosas formadas con miles de colores que cambiaban según la intensidad y dirección de la luz. La acariciaba para calmarla pues sabía que su sangre no sería tan dulce, ni cálida si seguía aterrada.

Cada uno se sentía encantado con la belleza del otro. Roxin estaba confundida pues creía que los devoradores eran monstruos y seres solitarios, ahora no podía entender como algo tan bello podía ser tan cruel y sangriento con las de su especie.

El Devorador la levantó a la altura de su rostro y le susurró algo al oído, Roxin sonrió, empezó a reír cada vez más fuerte. Las carcajadas ocultaron el sonido de su cuerpo despedazándose, de su sangre goteando, la más dulce que el Devorador había probado en toda su vida.



Claudia Lizeth Flores

Escrito por Claudia Liz Flores
Ilustrado por   http://brownieheart.com/

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