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sábado, 8 de diciembre de 2012

ANGEL


Hace tiempo, la casa tenía un olor a humedad, el sol no solía entrar por las ventanas ya que pesadas cortinas lo cubrían todo, hasta que él llegó a mudarse aquí, con sus abuelos. 

Recuerdo la primera vez que entró a la casa, despejó las ventanas iluminando todo a su paso, transcurrieron varias semanas reparando cosas, él mismo hizo los arreglos, pintó paredes, cambió puertas y ventanas, trajo muebles nuevos, quitó cuadros, dejó otros, se le veía muy emocionado…hizo de esta casa un verdadero hogar. Su nombre era Angel, él tenía unos veintitantos años cuando lo conocí, era alto, de piel muy blanca, con profundos ojos verdes, sus labios eran delgados y su ronca voz retumbaba por toda la casa, era difícil no escucharlo, ya que le gustaba hablar solo y cantar a todo pulmón, a veces reía a carcajadas y resultaba imposible no compartir con él sus alegrías.


Su abuela lo consentía todo el tiempo, el abuelo era más bien callado, del tipo de hombre que sabe escuchar y aconsejar cuando es necesario. Todos nos hacíamos compañía, hasta que el abuelo murió, la casa se volvió oscura, la tristeza lo embargó todo y fue imposible recuperarse de la pérdida, ya que a los meses la abuela lo siguió.


Angel  intentó seguir, le costó dejar atrás la tristeza y la soledad, empezó a hablar conmigo antes de dormir, me contaba sus andanzas del día, sus hazañas y sus planes, me acostumbré a ser parte de su vida. Un día mientras lo veía alejarse por la ventana, imaginé cómo sería mi vida sin él…yo no tendría vida sin él, me di cuenta que estaba profundamente enamorada, lo deseaba con locura, deseaba sus besos, sus caricias, amaba su sonrisa, sus miradas, sus palabras…él podría vivir sin mi? La sola idea me causó nauseas, por primera vez en toda mi existencia, quise morir.


Cada noche al verlo llegar, sufría en silencio la imposibilidad de mi amor, a veces él sostenía mi mirada, añorante, haciéndome pensar que podía ser, tal vez él me amaba también. Pensé que los milagros podrían ocurrir, soñaba con el momento en que él me declarara su amor, nuestros labios juntos, caricias desesperadas y torpes, amantes juveniles haciendo realidad sus más profundos sueños húmedos…sólo sueños. Lo nuestro sigue tan imposible como siempre, lo veo seguir con su vida, darse la oportunidad, puedo sentir con tristeza que él está enamorado de alguien más, lo veo en sus ojos, evita mirarme porque otra ocupa su mente y corazón. Ya casi no habla conmigo, pronto no lo hará más…lo sé.


Han pasado muchos años, puedo notar que nuestro tiempo corre de manera diferente. Sigo en su vida, creo que así seguiré, porque me aprecia, además hemos vivido muchas situaciones inolvidables juntos: sus nervios antes de proponerle matrimonio, él como león enjaulado esperando el nacimiento de su primer bebé, navidades, enfermedades, muertes, triunfos y fracasos. Lo he visto ser feliz con ella, lo he visto envejecer, y si, lo sigo amando.


Ahora entiendo que el amor es una maldición para mí, nunca podré ser correspondida... siempre seré, sólo el retrato de una bella joven, colgado en la pared.


Por Claudia Liz Flores

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